Lo esencial es invisible a los ojos

 Uno de los cuentos más populares de la historia narra de un joven príncipe que viajaba por la galaxia, este se hace amigo de un zorro y al tener una conversación con él, el mamífero le explica que lo esencial era invisible a los ojos, dando entender que hay cosas, las importantes, que se ven con el corazón. 

Y así es como decidí que se llame este mensaje. 

Versículo la multiplicación de los panes y los peces. 

Siempre fue más atractivo el show, que lo que está detrás del telón. Pero, si el backstage no es bueno, seguramente el show tampoco lo será. 

Y con esto me refiero es que muchas veces por poner nuestra mirada en lo sobrenatural ( aclaro no hablo de Dios) perdemos de vista lo natural. 

Muchos de nosotros, incluida mi persona, estuvimos en una carrera tratando de que seamos usados por los grandes dones, los más vistosos y lo de renombre, como el de la sanidad, la profecía y algunos hasta el hablar en lenguas. 

De paso, te digo que tenés que buscarlos y desearlos, el espíritu Santo, un día te los dará. Pero por perseguir estos "Súper dones" nos olvidamos de los básicos, primarios y sencillos. 

Por eso, hoy decidí hablar de un milagro, no tan extraordinario como resucitar un muerto, o sanar un enfermo de cáncer, o profetizar grandes cosas, o tener la "unción" cuando predicas o cantas. Hoy vamos a hablar del milagro de dar de comer a otro.

Cuando nos enfocamos en este suceso, lo primero que remarcamos es la multiplicación de los panes y peces, que por cierto vendría bien en estos tiempos. Pero dejamos de lado, el hecho de que el otro milagro, detrás del telón, el tapado, el escondido es que se alimentó a una multitud. El énfasis no es sobre la multitud, sino sobre la acción en sí, la cuál fue alimentar. 

Y me llamó muchísimo la atención, que siempre que se manifiesta un milagro sobrenatural,  hay un milagro natural, por detrás.

El sobrenatural no es más grande que el natural, pero si es más vistoso. 

El ejemplo de convertir el agua en vino, el milagro sobrenatural fue la transformación de la bebida, pero el milagro natural fue el colaborar con la boda. 

POR ESO VUELVO ACLARAR.

 Buscar los dones sobrenaturales no está mal, es más, hay que hacerlo, pero lo que sí está mal, es descuidar los dones naturales. 

¿Cuáles son los dones naturales?

Ayudar, servir, dar, alimentar, abrigar, escuchar, aconsejar, no criticar, no juzgar, no cuestionar. Y el último, que encierra a todos es amar. 

Quizás no tenés el don de la profecía, pero si tenés un pan para compartir. 

Quizás no tenés el don de sanidad, pero si tenés una ropa para regalar. 

Quizás no sos el mejor predicador, pero si podes dar una mano al que la necesita. 

Quizás no seas luis Miguel cantando, pero podes escuchar, aconsejar y abrazar. 

Y lamentablemente, hace más de dos mil años, que aún no entendimos, que el don más grande, es el amor. 

No estoy hablando de ese amor, de pedirse perdón porque hay santa cena y después se pelean. Sino uno posta, verdadero. 

Ese que te hace recibir al prójimo, aunque piensen distinto. 

Ese amor que te hace despojarte de un bien, para dárselo a otro. Sin importar si se lo merece o no. 

Porque el amor, no conoce de méritos. 

¿O alguien acá hizo méritos para que Dios lo ame?

Porque que una persona se sane un enfermo o resucite un muerto, depende de Dios, pero el alimentar a tu prójimo, ayudarlo, servir amar, depende de vos. Jesús hizo la oración y el milagro sobrenatural ocurrió, pero ¿Quién hizo el milagro natural de alimentar, dar? Los discípulos. Y esa es la tarea de la iglesia, manifestar lo sobrenatural y lo natural. 

Por eso los desafío en esta semana a que visiten a un amigo, familiar, hermano y sorprendalo. 

Llame y pregúntele ¿como estas?

Ame, abrace y bendiga a los demás. 

Porque bendecir no es decir solamente Dios te bendiga. 







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