El mensaje a los rotos

 Este mensaje, no es un discurso común y corriente, es una retórica de un hombre completo a una multitud de personas rotas, defectuosas y aparentemente sin valor. 

¿Quién no desechó algún artefacto descompuesto? ¿Quién no echó a la Basura algún objeto de valor, pero que se había estropeado? 

Bueno, resulta fácil responder estas preguntas, porque de seguro todos hemos tirado algo al tacho por que se rompió. 

Pero, ¿que sucedería si una persona se encuentra en ese estado, de inservible, defectuoso, inútil, rota, sin valor alguno? 

¿Los echaríamos al cesto de basura?¿Le diríamos que ya no es necesario, útil? O peor aún,  ¿Como reaccionarias si te miras al espejo, y te das cuenta que esa persona que está rota, con marcas de la vida, cicatrices que parecieran no cerrar, se trata de vos? ¿Te echarías a la basura?

Un día Jesús, al frente de una multitud, descubrió que había personas hambrientas, dolidas, rechazadas, desconsoladas, entre sus seguidores. 

Para la sociedad, de aquél entonces, se creía que para acercarse a Dios, era importante dos cosas. 

La reputación y el dinero

La reputación se entiende por tu posición social, y por tu fama. Si tu posición era de reyes, sacerdotes o soldados, tu estatus era apto para que Dios te reciba, menos que eso, mejor que no lo molestes. 

Y en cuánto a la fama, si eras prostituta o ladrón, gay o leproso mejor que ni te acerques a un lugar de reunión, porque las piedras iban a volar. 

Y en cuánto al dinero, bueno si tenías una buena suma de dinero, no importaba tanto tu posición o fama, no hay nada que el dinero no pueda borrar. 

No importaba la sinverguenzada que hacías, mientras tengas plata, todo se podía solucionar. 

¿Algo parecido a hoy, no creen? 

Para toda esta gente, la excluida de los requisitos sociales y económicos, su cosmovisión les decía que Dios era un tipo lejano, frío e indiferente y a su vez, que ellos eran inservibles, inútiles, sin valor alguno. 

De repente, un hombre que se llamaba el enviado de Dios, le dice este discurso maravilloso que nos enseña que Dios esta pendiente de nosotros y que para él todos somos importantes. 

« Dichosos los pobres en espíritu,  porque el reino de los cielos les pertenece.   Dichosos los que lloran,  porque serán consolados.   Dichosos los humildes,  porque recibirán la tierra como herencia.   Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,  porque serán saciados.   Dichosos los compasivos,  porque serán tratados con compasión.   Dichosos los de corazón limpio,  porque ellos verán a Dios.   Dichosos los que trabajan por la paz,  porque serán llamados hijos de Dios.   Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,  porque el reino de los cielos les pertenece.   »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias.  Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.

Mateo 5:3‭-‬12 NVI


Y hoy, quiero tomar ese mismo discurso, y decirte que Dios ama a la gente como vos, si, con tus errores, con tus pecados, con tus defectos, con tu posición en la sociedad, con tus redes sociales y con la plata que tenés en el bolsillo, a él no le importa si sos de renombre o si tenes fama de lo peor, tampoco le importa si tenes un 0km o una cuenta llena de dólares o si ni si quieras tenes para comer hoy, lo único que le importa es tu corazón, ese corazón roto, que duda y cree a la vez, que es bipolar, inconstante, defectuoso pero que sabe reconocerse, pedir perdón cuando se equivocó, que sabe amar y ayudar. 

Y por eso, si hoy estás acá es porque a pesar de la situación que te encontrás, Dios te dice no mires el hoy, mira el mañana. 

Porque si estas pasando hambre, quedate tranquilo serás saciado, si te han roto el corazón quedate tranquila serás consolada, si te rechazaron, tranquilo yo te recibo. 

Si hoy estás viviendo una situación difícil, tranquilo yo estoy con vos,  si estás pasando el peor día, o la peor semana, o el peor año de tu vida, quédate tranquilo porque Dios no te soltó la mano. 

Y lo más sorprendente, es que él no está mirando hoy tu defecto, tu error, ni siquiera como viniste, él te dice bendito sos porque viniste a mi. 

Siempre dije que Dios no necesita que nosotros seamos perfectos, para él demostrar que es perfecto. 

Él es perfecto y punto aunque nosotros somos imperfectos y en esto se demuestra su amor, que envío a Jesús a morir por pecadores y no por justos. Envío a Jesús a morir por aquellos que la reman todos los días con sus pecados, que luchan con su carácter, con su corazón, con su vida, el envío a Jesús a morir por aquellos que no tienen buena fama y por aquellos si tienen, por aquellos que tienen plata y por aquellos que no tienen ni pan duro, Dios envío a su hijo a morir, para que los imperfectos como vos y como yo, pudiéramos acercarnos a él.  Y todos los días, fallamos, todos los días pecamos, todos los dias peleamos con nuestro yo, pero todos los dias nos acercamos a él porque nos reconocemos como tales, para los que no se esconden detrás de un disfraz, para aquellos que no se la dan de santos ni menos de intocables, para aquellos que comprenden al otro, que ayudan a su prójimo, para aquellos que hoy se acercaron por una nueva oportunidad, para todos ustedes les digo que fue hecho este discurso, para que entiendan que no se trata de quien falla menos, sino de quién se reconoce y trata de cambiar. 



Dios los bendiga. 






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